lunes, 24 de diciembre de 2012

El “pago” en psicoanálisis, su lógica”. Luis Giunipero.



Oscar Masotta fue uno de los analistas  que hizo resistencia a un modo de psicoanálisis que se había instalado en la Argentina, como reconocimiento a su posición ética, la Cátedra Libre lleva su nombre. Les agradezco la invitación a participar  en la tarea de formarnos como  psicólogos que intentamos fundamentar nuestras prácticas  en el psicoanálisis, elección que nos obliga a situar el lugar de nuestro deseo en el ejercicio de las mismas.

Nuestras  prácticas, cualquiera sea el ámbito donde se desarrollen, Hospitales, Escuelas, Centros comunitarios, Consultorios, siempre es Práctica de Discurso. Es decir, trabajamos con palabras y apostamos  a  su  eficacia  para responder a  las distintas demandas  asistenciales. Sabemos que las palabras enferman de polisemia, lo que nos favorece, porque hace posible nuestro oficio.

La palabra caballo que vamos a analizar en el relato clínico que nos acercó Lisandro Sagué, se la puede escuchar desde una tradición heroica que la engalana, la idealiza, pero también  darle una significación peyorativa que la violenta, sus significaciones van a depender de su relación con otras palabras.
En el relato clínico, escuchamos la intervención de un analista, sus palabras  indican su malestar en la institución pública y su lugar en la transferencia, al apoyarse en el dicho popular “a caballo regalado, no se le miran los dientes”.

Este tipo de intervenciones salvajes, hablan de su falta de deseo y de conocimientos para dirigir la cura, utiliza una expresión, de las tantas, que la lengua guarda como saber consolidado para combinar distintas respuestas discursivas, situando  la cuestión del pago estrictamente referida al dinero, en este caso a su falta, pero la polisemia de la palabra nos permite escuchar  también su lugar en la transferencia.

Si  interviene  identificado al lugar del “caballo regalado” para protegerse y limitar las demandas del analizante, dicha intervención no habilita al trabajo en una cura, donde se trata por lo contrario de asociar libremente, de decirlo todo, de hablar sin retener, maneras de plantear lo imposible. Nosotros no le pedimos a los pacientes “cuénteme su historia”, los alentamos a hablar sin retener. La rememoración articulada a la transferencia va a producir una versión de la historia.

¿Desde dónde proviene nuestra confianza en el inconciente?  De nuestra formación como analistas, que incluye nuestro análisis personal, o sea, la experiencia de nuestro propio inconciente, el estudio de los textos y la práctica clínica.

Freud al transmitir su clínica sitúa al Inconciente como el trabajador ejemplar en su capacidad  de producir, “el inconciente trabaja siempre, es el socio ideal del capitalista”,  cuando dormimos  produce sueños, es decir  trabaja, cuando habla, produce fallidos (una palabra por otra,  olvido de  palabras) y en la producción de  chistes, hace correr  rápidamente los centellantes  mecanismos metáforicos-metonímicos de la lengua, precipitando la significación.

Si tomamos esta tradición clínica que nos  enseña a ubicar nuestros malestares subjetivos entre la inhibición, el síntoma y la angustia y al analista  formando parte del concepto de inconciente, podemos ir al ámbito de la Salud Pública a ofertar una “escucha” y probar nuestra eficacia.
La Salud Pública, es un espacio interdiscursivo, lugar de distintas prácticas que se ordenan desde un significante mayor, la política.

Tener agua potable, una vivienda digna, además linda, porque no decirlo, se trata de nombrar nuestros deseos, y un buen trabajo, se trata del derecho que tenemos todos de estar incluidos como deseantes en la lógica del “ser y el tener”.

Repasemos la Constitución Nacional, nuestra Carta Magna, letra fundante de nuestra subjetividad, su lectura nos aclara y ordena la pregunta sobre el tema de estar más o menos sanos. Vivienda, trabajo, salud, educación, son significantes mayores que ordena la política porque determina su modo de distribución y son significantes que nos representan como sujetos para otros significantes, si nos faltan, nos enfermamos. No es lo mismo tener un significante que nos represente en un trabajo, que padecer  la desocupación. Estar desocupado puede funcionar como el motivo desencadenante de cuadros depresivos, pasajes al acto y las diferentes formas de expresión del malestar subjetivo.

En la  referencia que hacías, Lisandro, con respecto a Silvia Bleichmar, está claro, no en cualquier condición podemos desarrollar nuestra práctica, hay condiciones de represión política que la hacen imposible.
Entonces, si sostenemos una práctica que siempre va a hacer de “análisis del discurso”, ofertamos una “escucha” que hace posible que la condición deseante que nos constituye, no quede ni reprimida, ni renegada, ni forcluida, y ocupe un lugar principal en los discursos político-sociales generados por las distintas prácticas.

Discursos políticos, donde los distintos saberes circulan de manera coexistente y  cooperante, desplegando sus límites y contradicciones, intentando dar respuestas a las demandas cotidianas.
Nuestra práctica clínica llevada a las instituciones no necesita de ningún dispositivo que tenga un gran presupuesto, porque el invento de Freud es sumamente económico, un escritorio, algunas sillas,  un lugar confortable y nos ponemos a hablar.

¿Y de qué hablamos? De “malestares subjetivos” que pueden ser independientes de la condición socio-económica del paciente. Conviene no confundir el grado de confort alcanzado por el sujeto con su bienestar subjetivo, un millonario nos puede consultar por una tristeza profunda que lo habita y le hace pensar en suicidarse.

Freud al escuchar a sus pacientes histéricas construye una teoría de la subjetividad, sus grafos ilustran cómo estamos constituidos, en tanto parletres.

Sitúa al Inconciente, estructurado como un lenguaje, ordenando nuestra fantasmática en instancias como el Yo, sus ideales, su cara habilitante, su cara superyoica, nuestro cuerpo pulsional y la energética de su goce.
Este modo de constitución y funcionamiento de nuestra subjetividad, su dimensión metapsicológica fundamenta nuestra práctica clínica.

Cuando un analista va a una escuela y ante un niño que está siendo exigido por demandas académicas, en el ingreso a la lecto-escritura, cursando 1º grado, se le puede hacer escuchar a la maestra: “pongamos el énfasis en la vida social del niño, sus cuatro carreteras principales, el juego, el sueño, la alimentación y la escuela, escuchemos su discurso en cada una de estas escenas, su rendimiento escolar vendrá por añadidura”. En la posición de responder a la demanda de aprender las cuestiones académicas, el niño presenta inhibiciones y las intervenciones centradas en el síntoma lo van a fijar al mismo, identificándolo a un cuadro psicopatológico, por ejemplo el síndrome desatencional ADHD.

Trabajamos no solo con el niño, también en la política de la institución. La maestra es emergente de esa política que sitúa como ideal la cuestión de la eficiencia: “¿Cómo va a pasar a segundo grado si no sabe leer, si no conoce las operaciones básicas?”. Intentamos resituar la pregunta: “¿Y si no pasa a segundo grado, esa sanción, lo habilita o lo limita a aprender? Al problema lo complejizamos, lo pasamos un poco para más adelante, incluyendo la cuestión del tiempo, lo seguimos trabajando, no lo negamos, lo tratamos en función de los tiempos lógicos necesarios en su constitución fantasmática en su relación con el aprender.
Freud nos enseñó que entre los cuatro y cinco años, el Complejo de Edipo se va al lugar del fundamento, su aparato psíquico está constituido, el niño asume el nombre, la palabra, y la cultura lo hace ingresar a la escuela como institución de separación de su familia y  de formación letrada.Este armado fantasmático puede vacilar frente a las demandas y aparecer en la vida del niño este orden de dificultades.

Si la organización escolar acompaña los tiempos de constitución subjetiva su tarea será más armónica en relación al deseo de los niños. Esta cuestión clínica expresada en la dificultad de un niño para aprender, deriva en la pregunta referida a la política educacional, “¿un niño de 1er grado debe repetir?” ¿Es una sanción acorde a su tiempo subjetivo o un ejercicio de poder?. Todavía los pedagogos no se han puesto de acuerdo.

Trabajar con los niños en los distintos tiempos de su armado fantasmático desde los cuáles da respuesta a las demandas generadas en sus nuevos lazos sociales, es la especificidad de nuestra práctica, no sólo con los niños, acompañamos también a los jóvenes en ese tiempo de la metamorfosis de la pubertad, (en el rehallazgo de sus objetos) , donde tienen que sostener en lo real de la vida  los vínculos amorosos y proyectos de estudio y trabajo.

Así, en los distintos tiempos de la vida, escuchamos la clínica freudiana, su trilogía, inhibiciones, síntomas, pivoteando siempre en relación a la angustia.

“La angustia siempre es de castración, por eso no engaña.”


Nos hace signo, nos orienta (como la fiebre para el médico) del padecer del paciente, de su relación fantasmática con un Otro que se ha transformado en incastrable, dejándolo identificado en un lugar de impotencia, no puedo, no sé, no es para mi.

En nuestra práctica, que no necesita ningún dispositivo costoso, la cuestión del pago no requiere la intervención del dinero.

En un tratamiento se paga poniendo lo mejor de cada uno, escuchando desde el Otro mi propio mensaje y  el “decir” del inconciente determinará como están mis cuentas con respecto a mis deseos.

Nuestra formación, que no es gratis, aunque la realicemos en instituciones públicas, hemos trabajado por ella y desde allí nos habilitamos a escuchar una posición deseante, que en todos los  casos está en espera, está en sufrimiento.

Hace alrededor de veinte años, en la Casa del Sol,  zona sur, los miércoles a la mañana sosteníamos reuniones clínicas sobre los tratamientos que llevábamos a cabo. Viene una mamá, con su hijito, muy angustiada en  relación a la actitud de su esposo, padre que le pegaba a los niños, conducta que refiere, se reiteraba.

Trabajamos con el equipo la respuesta a esta demanda, porque podía tratarse de  niños en riesgo y nuestra obligación incluía una posible denuncia. En la entrevista con Graciela se acordó ir a la casa con la asistente social, a la hora que el marido volvía del trabajo, a veces alcoholizado. Se hizo esta intervención, el marido aceptó venir, consolidándose el dispositivo de entrevistas. Yo lo escuchaba al marido, los otros compañeros a la mamá, a los dos juntos, lo que fuera necesario, pero centrando el trabajo con los padres. Viene Juan y nos ponemos a charlar. Me cuenta que efectivamente estaba muy mal por la falta de trabajo, era una de las épocas  de hiperinflación y desocupación. Es albañil con la jerarquía de medio oficial. Habla de su historia, va construyendo su novela y cuenta que desde muy joven, a los 16 años quedó a cargo de la paternidad de su familia, tiene 6 hermanos, y fue como consecuencia  que su padre, que se alcoholizaba, abandonó a su mama.

El tomó la impronta paterna que consistía en  mantener la disciplina familiar a los  golpes. Y así mantenía como suplencia del padre en relación a su mamá el orden familiar. Esto nos permitió escuchar  en transferencia, en la medida que se recuerda,  escuchar el significante que se repite y denuncia, la letra, que es pegar como el padre, estar pegado al padre. En el relato, los significantes van bordeando, construyendo la letra paterna. Nosotros compartimos la manera que Freud tiene de transmitir como los significantes producen la letra y le obligan al nombre del historial: “El hombre de las ratas”. Porque la letra rata es la que ordena toda la organización fantasmática donde copulan los significantes y comanda los lazos sociales cotidianos de su paciente. En nuestro caso, pegado en la identificación al rasgo paterno, la crueldad, como uno de los nombres de sus goces, unarizado al padre, repite su letra.

Después nos detuvimos en el significante medio oficial. No me digan que no es tentador, el inconciente nos lo sirve en bandeja, él me explicaba, que en la construcción hay una graduación, existen las jerarquías, está el peón, el oficial, etc.

Eso nos llevó a que él se preguntara, se dan cuenta ustedes que se trata de un neurótico, no era un perverso, su goce no estaba articulado a un fantasma consistente, irreprimible, de castigar a los niños, sino  una imposibilidad de no repetir, como buen obsesivo, la letra paterna.

Llegamos al tema de su vivienda y resulta que en parte de su casa tenía piso de tierra. Y el primer argumento yoico fue: “no tengo plata doctor, estoy desocupado”. A lo cual después el mismo contradecía “bueno, no es tan así, porque en la obra, cuando voy a trabajar, habitualmente los escombros se los puedo llevar. Y un buen albañil sabe hacer un contrapiso con escombros y un poco de mezcla”. Y ya no es tierra, es un piso.

Entonces empezamos a trabajar sobre esta imposibilidad de pasar de una posición a otra: cambiar el piso con el cual él se identificaba. Porque el piso de él se expresaba en el significante  medio oficial.

No hay ninguna duda, más allá de las condiciones sociales, se trata como sostenía Freud de lo dominante de la “realidad psíquica”. Si  soy oficial albañil tengo más chances de trabajar, como él mismo explicaba, que siendo medio oficial.  Ustedes saben que el oficial albañil hace los trabajos más difíciles, por ejemplo, la instalación de aberturas, el revoque fino, la terminación de los bordes, eso no lo hace gente que no tiene oficio. El oficio es necesario en todas las prácticas, sino uno se comporta como un caballo.

Entonces, estamos con el tema de nuestra formación, una manera de situar la cuestión del pago desde nuestro lado, como logramos formar parte del concepto de inconciente no generando resistencias que impidan la posibilidad  de escuchar los significantes que al insistir en la repetición puedan ser interpretados y  tengan en la dirección de la cura, un grado de eficacia.

Que le sirva al paciente y a nosotros, que trabajamos para producir no solo mejorías sintomáticas. Trabajamos produciendo cambios en la posición subjetiva, en su armado fantasmático, que se reflejan en actos  donde el deseo es el sostén de los lazos importantes de la vida.

En este paciente, el trabajo de análisis, permitió disolver la fantasmática que sostenía las identificaciones a rasgos del padre, operando una resignificación de la paternidad, de la relación con su mujer, (de quién pensaba separarse al igual que su padre), y la ubicación  de su deseo también en el trabajo, evitando una repetición melancólica que lo llevaba al alcohol, al abandono, la soledad, nombres de su neurosis de destino. El  “medio oficial” que  sostiene el “saber del padre” incastrado.

Esos son los tres ejes sobre los cuales trabajamos las veces que nos encontramos, que habrán sido diez o quince veces, no más.
Freud afirma que toda neurosis, es neurosis de destino.
Una neurosis que no se cura, se hace crónica, se hace destino y se vuelve trágica.  El sujeto no puede salir del lugar donde está. Un goce parasitario que lo  retiene en una letra, medio oficial.
La formación del analista y el tema del dinero, nos obliga a hablar un poco de la historia del psicoanálisis en la Argentina.

El psicoanálisis alrededor del año 1950 ingresa a partir de una institución, la Sociedad Psicoanalítica Argentina. Se crea una estructura, como Freud explica muy bien en “Psicología de las masas”, como la iglesia y el ejército. Una estructura con un jefe, un padre, jerarquías y los goces de cada jerarquía. Y el fin de esos análisis, que se llamaban didácticos, terminaban trabajosamente, porque los pobres candidatos que cursaban sus didácticos terminaban extenuados de pagar cuatro, cinco sesiones semanales, iban todos los días, los honorarios eran muy importantes y pagaban el período de vacaciones al analista ¡Les pagaban las vacaciones! Lo único que no le pagaban era el aguinaldo, pero vacaciones pagaban. Es decir, no sabían cuando terminaba el calvario de cuatrocientas y pico de sesiones. ¿Y cómo terminaban? Con una identificación con el analista, terminaban en un lazo pobre.   Este modo de trabajar  colocó el tema del dinero como lugar de jerarquía, lugar de poder y esta tradición armó un psicoanálisis que se llamó “del encuadre”, donde el dinero era como una de las cuatro patas del dispositivo. Entonces, si no estaba el dinero, como decía este caballo, no es posible la práctica. Definían el psicoanálisis por el número de sesiones semanales,  hay un texto “Psicoanálisis de las Américas”, donde la definición del psicoanálisis, es a partir de que sean cuatro o cinco sesiones semanales y ahí estaba en juego el tema del pago como una de las formas de ejercicio de poder institucional. Llegar a ser analista “didacta” era un lugar de garantía en lo profesional.

Desde estos lugares se sostenía lo imposible de la práctica en los hospitales, los pacientes de hospital parecería no tienen inconciente, o sea, no hablan.

El tema del pago en psicoanálisis es más interesante  pensarlo por  el lado del superyó, allí entramos a interrogar el  pago del  neurótico de sus deudas imaginarias. Este es el hueso del asunto. No la boludez del dinero, porque el dinero, aún en lo privado, tiene tantas versiones, tantas versiones...

Si viene un jugador compulsivo, como a mí me ha tocado escuchar… ¿qué lugar tiene el dinero? Es un objeto de goce, claro, pero que paga con tanta pérdida, o qué no puede dejar de pagar?

La pregunta es por el lugar del significante dinero en la fantasmática de cada sujeto, en su economía libidinal. Hay una tradición fantasmática anal que el dinero encarna, el dinero puede estar, como en el caso del avaro en la obra de Molière, en el culo, y el sujeto no puede salir de la casa porque está encerrado en el objeto, o sea en su propio culo, es la dimensión tragicómica de todo análisis que atraviesa la fantasmática que nos constituye, así es la “cosa”.  Al escuchar a un  avaro, el analista tiene la posibilidad de intervenir para ver si con las palabras que el inconciente produce en el tratamiento, se modifica ese goce. Otros analizantes lo tienen para jugarlo y para hacer existir ese superyó en el juego que les gobierna la vida. Al jugador compulsivo que evocamos, a quién escuché en una serie de entrevistas, ¿saben cuál fue la solución que  encontró? No fue el análisis, no pudimos. No podía parar de jugar y jugar, perdía y perdía hasta haber perdido el nombre,  era un médico  importante de un pueblo y ahora todos hablan de él  despectivamente “ese es un timbero”. Había perdido su casa, obviamente la mujer y sus transferencias de trabajo.  El jugador juega para perder satisfaciendo  la gula del superyo, el goce superyoico, no juega para ganar.  Encontró un padre que lo regulara, que lo sacara del circuito de la vida civil e ingresó como médico en la marina, lo mandaron al sur, en un lugar muy acotado y ahí consiguió cierta estabilidad. Acá estaba perdido, no podía pagar las consultas, se jugaba el dinero en las apuestas del Jockey Club, antes de venir a las entrevistas, vivía de actuación en actuación.  

El dinero, en la subjetividad, en la estructura fantasmática, en el programa de goce de cada uno tiene un lugar, que al hablar, se devela en la lógica del ser y el tener. Otro paciente y acerca del dinero, estaba obligado a cuidarlo para las próximas generaciones. Envidiaba la vida sencilla de su chofer, él tenía su casa, su hijo, no tenía tantas preocupaciones, como él con su familia numerosa. Y no lo decía desde una impostura, lo decía en relación a estar efectivamente tiranizado superyoicamente en su realidad psíquica por este significante.  Coleccionaba zapatos  que salían no sé cuánto y que traía desde Roma. Esos zapatos  habían llegado en su colección al número 400 y le ocupaban todo el sábado a la tarde, porque aunque no  los usara requerían mantenimiento. Y él tenía que pasar la pomadita, la cremita y estaba ahí toda la tarde tiranizado por esos mandatos. Ser un hombre de dinero en la realidad cotidiana no lo excluía de padecer los mandatos de un Otro obsesivizante.

 La participación del analista en lo público la hemos situado en relación con su deseo, se trata de sus deseos y no se trata como se dijo acá en la mesa, de una oferta que vaya más allá de lo que uno desea, porque ahí aparece la figura del sacrificio.

  Los que hemos pasado por el escenario de lo público, por la distribución de riqueza que padecemos,  en los hospitales convergen la locura con las formas más difíciles de existir, la pobreza, la falta de higiene,  la falta de medios, esto es cierto. Pero  no quiere decir que aun ahí no se pueda trabajar, lo que pasa que el trabajo es difícil y nos puede impotentizar. De ahí el valor  del análisis del analista,  conviene tener alguna idea de la fantasmática propia, para no repetir, frente a cada demanda, la misma respuesta. Trabajar a pura demanda es la antesala del sacrificio superyoico.

Estos espacios de trabajar en las instituciones públicas  se fueron construyendo muy tempranamente en nuestra historia.
 Tenemos  maestros  a quienes les debemos muchísimo, uno es Enrique Pichon-Rivière. Fue el primero que hizo síntoma en la APA, no soportó  sus jerarquías al modo de la  iglesia y el  ejército, se fue de ese psicoanálisis a la libertad de su psicología social, sin poder incorporar en su formación otras lecturas del texto freudiano, habilitando generosamente a muchos otros, entre los que se encuentra O. Masotta.

El mejor homenaje para Enrique es no repetir como un lorito sus textos, que son muy buenos y fueron orientadores de nuestra práctica en la década del 60.  Comentaba  que lo que escribía a la noche a la mañana ya lo cuestionaba, trasmitiendo exageradamente  su capacidad  crítica.

Sus enseñanzas sobre la clínica psiquiátrica y psicoanalítica, producto de su experiencia hospitalaria, escuchar sus clases, participar de sus grupos operativos, su insistencia en el concepto  de tarea y en la formación del psicólogo a partir de la internalización operativa del ECRO. (Esquema Conceptual Referencial Operativo) nos resultaron imprescindibles.

Su entusiasmo, sin descanso, por ir más allá del diván, es responsable de orientar las prácticas institucionales.
En lo político, cuando Onganía toma el poder en el golpe de estado de 1966, prohibiendo la práctica asistencial a los psicólogos, quienes también teníamos prohibido el acceso a la APA, en esos momentos de represión institucional, Pichón nos  abre la puerta en su  Escuela de Psicología Social. El recordarlo me emociona, porque es un hombre que sostuvo el ejercicio de la función paterna de un modo habilitante, deuda simbólica, que nos “obliga” a pagar el costo de formarnos, para hacer bien lo que nos gusta.




                                                                       Ps. Luis Giunipero

sábado, 8 de diciembre de 2012

Emilce Moler. Panel: Derechos Humanos. Segundas jornadas de psicoanálisis, salud y políticas públicas.

http://www.youtube.com/watch?v=J3akEsgkOvs

"Cuando nosotros hablamos que esto fue una dictadura cívico-militar, bueno pongamos en cara, en nombre, las actitudes de los civiles, de todos, de los ciudadanos que permitimos, que permitió, que las cosas pasen por lo que pasaron.
No conseguí más casas para que alguien me dé para que yo pueda dormir esa noche. Me quedé en mi casa… y me detuvieron.
¿Cómo vivían mis padres? ¿Qué fue? o ¿como las familias de ciudad de La Plata, clase media platense…?  Mi padre era policía, jubilado policía. Era el comisario del barrio, siempre nos criamos ahí. Yo era “la hija del comisario”, una chica buena, que le hacia los mandado a los vecinos, querida, compartía con mis amigos del barrio las cosas, buena alumna. ¿Cómo me convertí en “ese ser”, esa lacra social, desde el golpe a septiembre del ’76? En esa lacra social que fui: subversiva, terrorista, despreciable, “mirá lo que le hizo a los padres” ¿Cuando me convertí en eso? ¿Cuanto tienen que ver los medios de comunicación? ¿Cuánto es la penetración de los medios de comunicación para que el matrimonio de los jubilados de al lado de mi casa… al que yo le hacia los mandados todos los jueves religiosamente, los acompañaba a la feria, porque los conocía de toda la vida, no fueran capaces de tocar un timbre en la puerta de la casa de mis padres después de ver el operativo para saber después de seis meses, si yo vivía (nada más)?
¿Eso es miedo? … por eso pongo “Memoria, vergüenza, miedo…” ¿Eso es miedo? ¿Puede ser miedo… llamar por teléfono y preguntar: “vive, la piba que yo tuve en mis brazos desde que nació”? Yo, permítanme decir: que eso no es miedo, que hay otras cosas que ustedes como psicólogos lo deben saber mucho mejor que yo. Que tenemos que desentrañar. Si no tomamos como clichés que hacen una cobertura y justifican todas las conductas una sociedad… que después de 10 años decimos: “pero qué barbaridad no nos dimos cuenta”. Yo quiero que nos demos cuenta del “Hoy”, del día a día". 

jueves, 1 de noviembre de 2012


Seminario Psicoanálisis y Salud Pública          
                                         agosto 2012
Clase 3.
Tema La consulta. De la recepción de un pedido a la formulación de una demanda. Posición del analista y transferencia
Para empezar quienes formamos parte de la Masotta queremos agradecer tanto a los asistentes como a los panelistas venir en este tiempo que estamos de vacaciones, además decirles que las desgrabaciones las vamos a subir al blog, como material.
Alicia Alvarez: quería decirles, por una pregunta que vi en Facebook, preguntaban quién hablaría hoy. Efectivamente en cada una de las reuniones hay uno o dos que están encargados de hacer el recorrido principal de lo que es el tema de la reunión, pero les quería comentar que este es un trabajo que hacemos colectivamente, es decir, nos reunimos, trabajamos  los temas, y después hay alguien, uno o dos que hacen la exposición y los demás si se nos ocurre algo pertinente lo decimos, pero lo que les quería comentar es que no es que sea diferente, cada uno tiene su recorrido, pero la idea de este seminario es un trabajo que para nosotros es muy productivo porque es un trabajo de intercambio sobre los temas,  que luego uno de los integrantes expondrá en cada encuentro.
Marcelo Frazzetto
Buenas noches, desde hace bastante tiempo hay psicoanalistas trabajando en el ámbito público lo cual nos hace estar en concordancia con un anhelo freudiano. Desde hace bastante tiempo, he escuchado una pregunta  que tenía que ver si era posible el psicoanálisis en el ámbito público. Es una pregunta que yo la escuché hace bastante tiempo y las respuestas oscilaron entre pensarlo como que el psicoanálisis en el ámbito público no presentaba cierta pureza a lo que podría ser el psicoanálisis más puro en la práctica privada, de hecho hay corrientes que dentro del psicoanálisis sostienen esto, por esto de lo que en algún momento planteó Freud en relación al oro puro del psicoanálisis mezclado con el cobre de la sugestión, que sería el modo en que el psicoanálisis se mezclaría como terapéutica en las instituciones del Estado. Por otro lado otras corrientes lo han pensado como cierta especificidad dentro del campo del psicoanálisis en el ámbito de lo público. A mi me parece, me gusta pensar la pregunta por el psicoanálisis dentro del ámbito público, podemos atenuar pensando, por lo  menos a mi me sirve, qué condiciones permitirían a un psicoanalista en el ámbito público para que produzca un acto analítico. ¿Qué quiero decir con esto? Dicho más claramente, el escenario público, la institución pública para nosotros es un escenario propicio donde poder interrogar la posición del analista. Por ejemplo, en el sentido de que es una práctica que conmueve ciertos rituales que aparentemente garantizan la posición del analista. También es una práctica que pone en suspenso lo que uno ya sabe, lo que uno supone que sabe, y también la práctica en el ámbito público invita a los psicoanalistas a investigar aquello que resulta  esencial para alcanzar una posición analítica.  Es decir, que los psicoanalistas que estamos confrontados a una pluralidad de demandas en el ámbito público, estamos en un lugar privilegiado también para inventar dispositivos, que nos permitan hacer lugar a la posición del analista. Y para terminar esta introducción se me ocurría el ejemplo de aliquis, que ustedes conocen y en relación al que se han escrito ríos de tinta, que hemos estudiado, hemos aprendido. Este ejemplo en principio atestigua que la posición del analista se puede alcanzar arriba de un tren o en la cima de una montaña, como le pasaba a Freud con ….
Les quería proponer partir de esta pregunta; ¿qué se espera de un psicoanálisis o de un psicoanalista en el ámbito público? Cuando uno hace esta pregunta, inmediatamente puede surgir otra que es quién espera, porque una cosa es qué puede esperar alguien que consulta o se presenta en los centro de salud, que lo que podemos esperar nosotros en tanto analistas de lo que supone un acto analítico.
Bien, yo quería comenzar por el lado de qué es lo que viene a pedir o esperar alguien que llega al centro de salud. Me refiero al centro de salud, en mi caso lo tomo de ahí porque es el ámbito de la salud pública en el que  me desempeño como psicoanalista. Decía entonces que puede llegar por la indicación de un tercero o por voluntad propia; por indicación de un tercero me refiero a que puede venir por indicación de una pareja, de un amigo, del padre, de un médico, entonces recibimos a alguien que sufre lo suficiente como para intentar corregir, o q ha llegado a poder pensar q como esta no puede continuar, padece de algo con lo cual no puede hacer nada. Así q puede presentarse porque le pasan  cosas del lado de la inhibición, de eso que puede o no puede lograr, del lado de la compulsión, aquellas cosas que no puede dejar de hacer, seguramente podamos encontrarnos con alguien que ya a aceptado algunos movimientos en relación a hacer algo con eso que le pasa, que hayan fallado, lo que quiero decir que aun cuando tengamos en frente a una persona que esta sufriendo, que pide alivio y que supone que lo que va a encontrar es una cura o un alivio para lo que le esta pasando, ese pedido así formulado, en principio no esta necesariamente dirigido a un analista, recurre a una respuesta, ahora bien esa respuesta es distinta si esta dirigida a un analista o a otra instancia,  la diferencia tiene q ver con lo que lacan plantea, el primer momento de la transferencia o la instalación del sujeto supuesto saber, pero eso, lo retomo luego pero quería nombrarlo.
No quería dejar de decir que lleva todo un tiempo establecer las coordenadas de un pedido, de lo que quien pide y de lo que se pide cuando alguien se presenta con un sufrimiento, ahí tenemos los psicoanalistas todo un campo de posibilidades donde nuestra escucha se pone en movimiento, para poder definir quien esta pidiendo y que es lo que esta pidiendo, y eso lleva un tiempo porque por ej, si el pedido de es alguien que es mandado por una escuela tendremos que tomarnos un tiempo para escuchar que de ese pedido de la escuela se traduce en un pedido del niño o en un pedido de los padres, yo recuerdo haber trabajado con pedidos que venían formulados de esta manera por ej: “me manda la maestra”…o, “le dejo el chico”, son pedidos que a veces lleva un tiempo establecer quien es el sujeto de ese pedido, quien podría implicarse en ese pedido, o también  como decían los compañeros en el seminario anterior en relación a la inter consulta que también llevaba un tiempo establecer si el que pide es el medico o es el paciente…. Por eso decía que hay todo un abanico donde la escucha de un analista que se pone en movimiento y por  lo tanto que es necesaria la presencia de un psicoanalista en ese acto clínico de la escucha de un pedido, porque uno cree rápidamente saber o creer entender lo que el otro esta pidiendo, es mas, uno podría hacer un monologo bastante interminable, sobre lo que cree que el otro esta pidiendo, pero lo que es necesario para saber lo que el otro necesita poder abstenerse de creer saber lo que el otro necesita y la regla de abstinencia es una regla que pone en funcionamiento el psicoanalista, es decir, para poder escuchar un pedido hay que poder abstenerse y para eso hace falta analistas, para abstenerse de que? De creer saber rápidamente lo que el otro necesita, abstenerme de eso para poder dar lugar a la palabra del otro y ver quien es el que pide.
Por el lado del analista, decía, me viene para introducir algo de la transferencia, yo pensé en relación a cierta violencia del acto analítico, violencia que habría que ponerlo entre paréntesis, no sé si es el mejor termino para usar acá, pero a lo que voy es que, todo dispositivo analito, tiene un axioma que te vuelve un mensaje como este..”Usted es el responsable de lo que le pasa” o “ la causa de lo que le pasa la vamos a buscar en usted” y este mensaje que puede obviamente es  implícito, porque de ser explicito haría que el paciente se fuera, va a contrapelo de lo que espera del otro lado el paciente y lo que es tener ciertos cuidados con el paciente, porque tengo en frente a alguien que sufre y además le estamos cargando la responsabilidad  de responder, es decir , de alguna forma lo estamos invitando a pasar de una alienación a otra, aclaro, alineación como lo piensa lacan, de que el sujeto nace alienado a los significantes del otro, y los analista para llegar a la cura lo invitamos a entrar en otra alineación que es la del dispositivo analítico, es decir, cargarlo de cierta responsabilidad por lo que le pasa y además implicarle ciertas reglas que tienen que ver con la palabra, regla difícil de sostener porque también va a contrapelo de otros lazos sociales que tienen otra relación con la palabra, quiero decir con esto, que esto es una forma de enfatizar el dispositivo freudiano,  porque creo yo que hay tanto auge de psicoterapias, que hay una perdida de la exigencia de la regla de la asociación libre, q no es producir una palabra cualquiera, no es solamente contar la historia, los acontecimientos pasados sino que es una regla que exige una palabra sin censura lo cual es imposible, porque no se puede hablar sin censura, porque uno puede restringir la censura conciente, es decir la censura de hablar, de no decir cosas obscenas, de ser claro, una censura lógica moral, pero si restringimos esa censura es para dar paso a esta otra mucho mas poderosa de que alguien no puede decir cualquier cosa, uno pasa la misma historia, las mismas palabras los mismo rollos, es lo que nos permite acercarnos al fantasma del inconciente, por eso esto  es difícil, del viraje de la palabra que hay que producir, y entonces tenemos acá al pobre paciente que además del sufrimiento  lo cargamos con esta alienación al trabajo transferencial, pero tenemos una ventaja y que nos da justamente este modo de cómo pensó Freud la transferencia, porque es la transferencia la que nos permite encubrir esta violencia del acto analítico, porque introduce al paciente en esta dimensión de ser cuidado, de ser tomado en cuenta, y de que su palabra vale como no vale en ningún otro lazo social , digo esto porque es fácil ver q en este tiempo donde pareciera que se privilegia el discurso capitalista nadie quiere escuchar a nadie, entonces ofrecemos un lugar donde su palabra o lo que sea que diga, lo poco que diga sea tomado y tenido en cuenta, no es cualquier lugar y esto tiene un efecto estructural, que ya lo sabemos desde Freud, que tiene q ver con el amor, con la dialéctica del amor, no para que el analista se ponga como destinatario del amor, es decir, este encuadre, esta posibilidad que da la transferencia de que el paciente pueda acoger su palabra es lo que parece fundamental como acto analítico, esto seria como otro axioma, en el sentido de que es el analista el que separa la transferencia, por su lugar como que se supone que sabe, por su titulo, por su lugar en la institución, entonces ahí puedo retomar lo que había dejado pendiente  que es ese momento donde yo me estoy moviendo, esos primeros momentos del encuentro con el paciente, que es lo que lacan llama   “la intervención del sujeto supuesto saber” o “el inicios  la transferencia” yo lo dije muy simple, ustedes seguramente ya han leído muchas veces. Esto para mi implica, es lo que entiendo que dice Lacan, para el lado del paciente implica, tal como el lo plantea, “yo no se, yo no pienso” es decir que hay algo del lado del fracaso de la conciencia, hay algo ahí en la dimensión subjetiva en la  que se encuentra ese sujeto, en la que el yo o la conciencia no bastan para dar cuenta de lo que sucede, hay un saber que se escapa,  y hay modos de intervención de un analista para producir esta posición, esta situación, que es en las entrevistas preliminares que abren a esta perspectiva de demanda de análisis , ya que la función que tienen las entrevistas es de subrayar esos momentos donde el discurso y el saber tropiezan, no para interpretar, sino para señalar donde el saber no puede encontrarse con la verdad de lo que le pasa a el que sufre, entonces si nos encontramos con la confrontación de ese saber no puede desde el sujeto que tenemos ahí, y este sujeto decide interrogar ese saber que no puede desde su saber conciente explicar algo de lo que le pasa, si decide interrogar eso quizá ahí podemos perfilar una demanda de análisis.
Lo último que quiero decir es que el problema con el que nos encontramos los analistas que trabajamos en el ámbito público, es que muchas veces somos convocados a intervenir cuando ya  esta instalada esta transferencia, es decir que en lugar donde podría estar el enigma en relación al saber, tenemos gente que viene a la consulta y que puede decir muy poco, o casi nada en relación al saber, o ninguna cuestión de lo diga refiere a alguna pregunta siquiera en relación al saber o a lo que le pasa. O por otro lado una implicancia minima con respecto a lo que le pasa, es decir, bastante lejos de esa frase que tiene que ver con “que tiene que ver usted con este desorden en que esta metido“, pero bueno estamos convocados a intervenir donde quizá algo de eso se produzca.
Yo para terminar, tengo una situación que tengo fresca de esta semana, en relación aun pedido que tuve oportunidad de escuchar esta semana.
“El pedido llega a través de la pediatra,  se trata del pedio de una escuela a la que concurren dos púberes de 12 y 13 años, hermanos, quienes hablan con la pediatra en representación de la escuela son tres profesionales, alguna de ellas psicóloga del gabinete socioeducativo del ministerio de educación, este gabinete interviene a pedido de la escuela, el problema que plantea es que estos dos hermanos lo que hacen es reclutar pibes para una banda intraescolar, banda de pibes que amenazan y maltratan a otros chicos dentro de la escuela, aquellos chicos que les va bien en las tareas  escolares. Al intentar producir un acercamiento con los padres, docentes, directores y gabinete, de la que han resultado diversas amenazas, la madre hacia la directora, del padre la amenaza siguiente…”si no aprueban a mis hijos los voy a cagar a tiros a todos”  sabemos además del padre que padre y madre de estos chicos son de una barra brava de un club de futbol.
Amenaza que ha resultado porque los chicos han pasado de grado, otra de las amenazas al gabinete, quien intento un encuentro con el padre tiene que ver con una escena que ella relata donde el padre le muestra el ticket de un cajero automático donde muestra la cantidad de dinero que tiene, por ultimo comenta la pediatra, que el  pedido es de que el psicólogo, ósea yo, haga la entrevista a los chicos, y que la trabajadora social haga la visita domiciliaria,” ahí tenemos un campo florido de cuestión de quien pide y para quien se pide.

 Mónica González Bueno yo voy aprovecharme del planteo que tan interesantemente  hizo Marcelo para intentar articular un tipo particular de consulta. El escenario desde donde me situó para hablar de esto es el  hospitalario, ubicada en un servicio de salud mental, donde realizo parte de mi práctica.  Creo que todos coincidiríamos rápidamente si decimos que el hospital se presenta como un lugar de cruces de discursos y de condensaciones de demandas de diverso tipo y agrupadas bajo el mismo territorio: de lo médico.
 Primero quería situar que depende del modo en que se va a sostener la recepción de un pedido, dependerá  la posibilidad o no de articular una demanda.
En este sentido me voy a referir a una demanda muy particular que realiza un consultante que viene de la consulta médica con la indicación de que vea a un psicólogo, porque  no tiene nada.
Esta persona llega a la consulta médica por algunos trastornos, dolor de cabeza, digestivos, cansancio… Todo esto junto o con alguna combinatoria, el medico procede a escuchar el planteo y a traducir los signos que le trae el paciente, transcribe los mismos en  la historia clínica, y después procede de acuerdo a los conocimientos que correspondan a dar ciertas indicaciones que en general consiste en la realización de diferentes estudios, los cuales se van a ir complejizado a medida que se vayan sosteniendo las consultas y generalmente esto conlleva a  interconsultas con especialistas, neurólogos, gastroenterólogos, depende como venga la cuestión. Después de todo ese recorrido y esa lectura,  ocurre que el médico le dice al paciente que en realidad no tiene nada, que lo que le ocurre debe ser psicológico, que consulte al psicólogo y para eso lo deriva al servicio de salud mental del hospital.
 Y así llega, podríamos decir que llega no confirmado en  su lugar de paciente desde la clínica médica.
 Lacan sitúa en “Psicoanálisis y medicina” que “no siempre el enfermo  busca la curación, sino que muchas veces ocurre que este atado a la idea de conservar la condición de paciente. Viene a veces a demandar que se lo autentifique como enfermo, otras para que lo preserven en su enfermedad”.
Este consultante llega a nuestra consulta diciendo vengo porque me manda el doctor, me cuesta dormir, me arde el estomago y enumera todos los padecimiento y agregándole, ahora,  este nuevo que es que el médico le dice que no tiene nada, Muchas veces esto lleva a la consulta con otros médicos para intentar confirmar alguna organicidad en el padecimiento.
 Llega a nuestra consulta con una suposición, con un temor a la locura, a estar loco, tratando de convencernos que no se lo inventó, que esto le sucede de verdad, que el dolor que siente es real, Que en todo caso tiene algunos problemas como la mayoría de la gente , como apelando a cierto testimonio de normalidad por la vía de la generalidad.
 Probablemente cuando el médico le dice que no tiene nada se refiere a que no tiene nada grave, ninguna enfermedad grave, ninguna patología de órganos, pero la dificultad es que establece allí una relación demasiado laxa entre la trama subjetiva y el impacto en el cuerpo. Y si bien es cierto que la referencia al sujeto queda elidida de su campo, ya que no trabaja con el sujeto del  inconsciente, pero tampoco se  puede pensar que esta frente  un cuerpo sin sujeto, no esta frente a un puro organismo viviente. Porque además no olvidemos que sitúa una causa psíquica o psicológica.
Para problematizar un poco todo esto, quería compartir con ustedes algunos comentarios de un texto freudiano, bastante antiguo que data de  1890, donde Freud se interrogara acerca de la relación entre  lo corporal y lo psíquico, el texto se llama “Tratamiento psíquico (tratamiento del alma)”.
Lo primero que va a anunciar Freud en este texto, cuando comienza, es el origen griego de la palabra psique cuya traducción es alma. Entonces Freud dice que podría creerse que “por tratamiento psíquico, se entiende tratamiento de los fenómenos patológicos  de la vida anímica. Pero no es esa la expresión, sino que quiere decir desde el alma –de perturbaciones anímicas o corporales- con recursos que influyen sobre lo anímico del hombre”.
 El recurso, nos sigue diciendo  Freud, es la palabra o las palabras… instrumento esencial del tratamiento anímico, por su poder ensalmador. Voy a dejar esto en suspenso y lo voy a retomar dentro de un ratito, para poder situar algunos pasajes en donde Freud sitúa esta relación entre lo psíquico y lo somático.
“La relación entre lo corporal y lo anímico es de acción reciproca, pero que en el pasado, el otro costado de esta relación, la acción de lo anímico sobre el cuerpo, hallo poco favor a los ojos de los médicos. Parecieron temer que si concedían cierta autonomía a la vida anímica,  dejarían de  pisar el seguro terreno de la ciencia.
 Pero también va a ir situando como  fue cambiando esa relación unilateral de la medicina  hacia lo corporal, y va a enumerar padecimientos como dolor de cabeza, presión, trastornos digestivos, fallas de la atención, dolor de los ojos, cansancio, etcétera, de presentación simultánea o aislada y va a afirmar que en todos estos padecimientos se tratan de la misma enfermedad, que no se pueden aislar en trastornos de los ojos, del estomago, que son afecciones del sistema nervioso en su conjunto. Tales estados han recibido el nombre de nerviosidad (neurastenia, histeria) y se los define como enfermedades funcionales del sistema nervioso.
Recuerden nuestro consultante, que se presenta con varios de estos padecimientos.
Entonces lo que va a afirmar Freud en este texto es “que los signos patológicos provienen de un influjo alterado de la vida anímica sobre el cuerpo. Y que esta causa hay que buscarla en lo anímico, en lo psíquico. Señala que  la ciencia médica encuentra el anudamiento para entender en su plena dimensión al aspecto descuidado hasta entonces:  la relación reciproca entre cuerpo y alma.
 Otro elemento que va a tomar  Freud para mostrar esta influencia de lo psíquico sobre lo corporal es la llamada  “expresión de las emociones”. Que se exteriorizan en la tensión y relajación de los músculos faciales,  la actitud de los ojos, el aflujo sanguíneo sobre la piel, el modo de empleo de aparato fonador, etcétera y que estas alteraciones casi nunca son útiles a quien las experimenta.
Sigue argumentando: “en estados de naturaleza penosa, como el duelo, todos estos estados afectivos rebajan la nutrición del cuerpo en su conjunto”. Otro ejemplo que toma es que “la propensión a contraer tifus y disentería es mucho mayor en un ejercito derrotado que en un ejercito triunfador”.
Hasta aquí intento destacar la relación reciproca de la que hablábamos entre lo psíquico y lo corporal.
 El otro pasaje que quiero resaltar es: “Pero es una evidente injusticia, cualquiera sea la causa, aun la imaginación, los dolores no dejan de ser menos reales ni menos fuertes”.
 En este texto Freud aun no descubrió el inconciente,  por lo tanto tampoco la transferencia, por lo tanto estamos en un tiempo anterior al desarrollo que hizo Marcelo, estamos ubicados entre la sugestión y la hipnosis, y está investigando el de poder de las palabras sobre el cuerpo. Sobre el poder que ejerce el médico a través de sus palabras sobre el paciente, el alivio que puede generar dicho poder sobre el enfermo. Y ahí quiero situar esto que dije antes del ensalmo de las palabras. El ensalmo es un modo mágico de curar, el poder mágico de las palabras, el poder de la sugestión. “Las palabras, dice Freud, son las  mediadoras del influjo que un hombre pretende ejercer sobre otros, que no es enigmático aseverar que el ensalmo de la palabra puede eliminar los fenómenos patológicos”
Bueno volvamos a nuestro consultante que se nos presenta diciendo que el médico le dice que no tiene nada, tratando de que creamos en su padecimiento. Podemos leer el efecto de la palabra del médico aquí tal como nos lo planteaba Freud, pero en vez de aportar alivio provocan mucho desconcierto, cierta desorganización subjetiva, este origen psicológico no está situado como en Freud, esta devaluado dentro de el planteo que hace el médico, es como si no fuera creíble lo que dice el paciente sobre su padecimiento.
 Ósea que, cuando nosotros recibimos una consulta como esta, nos encontramos en medio de la complejidad de estas intersecciones que hablaba antes, habíamos partido de la interrogación de si el origen era psíquico o corporal, y ahora podemos agregar el influjo de las palabras, como dice Freud. Creo que esto nos permite ubicar tres lugares, lo corporal, lo psíquico y las palabras, y a su vez las  relaciones entre ellos. Es decir que entre lo anímico y lo corporal va a estar situada la relación con la palabra, la palabra como mediadora, la palabra como productora de efectos.
Volviendo a la consulta, nosotros podríamos ir a discutir con el médico de por qué le dijo lo que dijo, a veces es necesario ir a discutir algunas cosas con los médicos. Igual. Aquí, no resolvemos la consulta que nos hace este consultante. Muchas veces llega en un acto de obediencia, diciendo, vengo porque me mando el médico, porque dice que me va a hacer bien. Muchas veces en este pedido no aparece tampoco la palabra del que consulta, viene a través de una queja hacia el medico, son consultas bastante difíciles porque hay cierto rehusamiento del sujeto en relación a su propio decir.
Es con ese rehusamiento que debemos vérnosla los analistas, en este rechazo  convergen de distintas maneras  cierto rechazo del inconsciente, del lado del médico por una parte, y por la otra del lado del paciente también. Creo que es nuestra responsabilidad como analistas, darle la palabra al consultante, como decía Marcelo, darle valor a esa palabra,  aunque el mismo intente por algunos medios borrarla pidiéndonos que le digamos qué es lo que tiene. Pero digo dándole la palabra y absteniéndonos del uso de ese poder ensalmador del que hablábamos antes.
 De esta manera, puede ocurrir que después de transitar una y otra vez por el relato de lo padecido, se instale alguna pregunta del lado del sujeto, que interrogue esa nada. Eso que se siente en el cuerpo,  que se relata como una opresión, dolor de cabeza, de estomago, que remite muchas veces a un estado de angustia.
A partir de  Freud sabemos que hay una angustia que es señal, es una señal en el cuerpo, que en este caso remite a algo que no anda, que hay que resolver.  La cuestión es dónde se debe resolver, si hay que resolver en el cuerpo o en qué lugar, y  en realidad eso se debe resolver en el orden de la existencia, por lo tanto creo que toda consulta puede indicar, puede transformarse en el indicador  de una oportunidad para el sujeto, depende de cómo la escuchemos y como la sostengamos.
Bueno, y lo otro que quería decir, es lo que se convirtió para mi en la sorpresa de la actualidad de lo que nos aporta este viejo texto, porque en algunas consultas sigue teniendo mucha vigencia.
Alicia Alvarez:
Lo que dice Mónica con respecto al texto viejo y la actualidad es efectivamente así, es interesante porque,  ustedes escucharon la sintomatología de este paciente, este consultante, y es un poco lo que Freud trabaja acá, tiene que ver un poco con las neurosis actuales, Freud las llamaba así, por una serie de cuestiones; él las diferenciaba de las psiconeurosis, es decir que ponía a las neurosis actuales, en un principio, -luego cambió esta posición- del lado de las que no eran abordables desde el psicoanálisis.
Ustedes saben que una de las hijas de Lacan, tenía todo esta serie de trastornos y Lacan dijo en una oportunidad  que en el siglo XIX hubieran dicho que era una neuroasténica.
Es elocuente que ahora, en la actualidad, proliferen las neurosis actuales, la palabra actual nos vuelve a encontrar de otra manera,  y creo que es porque justamente hay algo en el lazo social actual que ayuda, promueve el rechazo del inconciente, entonces me parece que esto seria las condiciones para pasa un pedido, una demanda de análisis, es un problema que no solo concierne a la practica en la salud publica, si no que es un problema que también esta presente en los consultorios, quizá no tanto, pero creo que hay todo un trabajo que nos damos los analistas que tenemos ganas de hacerlo, para hacer una ….del ser hablado y hay todo un trabajo para que esto se ponga en el punto donde construyan síntomas, en ese síntoma que esta allí la persona se siente de algún modo implicada para teorizar algo sobre ello, por eso a mi siempre me a parecido un problema que se le pide a los jóvenes practicantes hacer las primeras entrevistas como si eso fuera menos importante, cuando en realidad las primeras entrevistas es justamente donde se juega casi todo, porque ahí esta lo que decían los colegas respecto a que la diferencia va a estar en como responde el que escucha, y eventualmente, en el camino ir construyendo la transferencia, poniendo a punto el discurso que permita alojar al analista ahí. Yo creo que a lo que se llega ahí es a un punto donde se aclara una posible demanda.
Es cierto que esto, como decía, puede ocurrir en el consultorio particular, creo que los escenarios son mucho más complejos en la salud pública y hay muchos factores, pero tampoco creamos que en el consultorio todo es del orden de la neurosis y que la transferencia y la instalación del  sujeto supuesto saber marcha sobre ruedas, es decir, Freud decía al principio que con las neurosis actuales no se podia trabajar, tampoco con las psicosis , después ahondando en ese sentido el psicoanálisis encontró con Lacan y otros también, la posibilidad de intervenir en terrenos en los cuales Freud había dicho que era imposible intervenir, aunque teniendo en cuenta que no son las mismas condiciones transferenciales, son otras las de las psicosis.
Pensar las condiciones de la transferencia en las neurosis actuales es un temazo, pero es lo que nos toca ahora, trabajar con estas situaciones donde hasta el pedido está desdibujado, donde hay que hacer un rastreo de quién pide y qué pide y responder desde la perspectiva del analista, porque es muy fácil ir por la vía de responder desde el control social, desde un discursoque calme los ánimos, en fin, porque es también por otro lado lo que se nos pide cuando trabajamos en esta sociedad en general, pero queda mucho mas en evidencia cuando estamos trabajando en el ámbito de la salud publica, bueno  hay muchas cosas para plantear pero no quiero excederme.
Pregunta:
Pensar esto de la pluralidad de demanda, que esperan del psicólogo esta gente que va con la demanda, porque digamos que el problema lo tiene la institución, la comunidad educativa con estos chicos, mas allá ¿??? Sigue…. 

Alicia,
El asunto de qué se espera del psicólogo es muy interesante, el común de la gente no lo tiene claro, es bueno el tipo que esta ahí y se ocupa de esas cosas…, pero lo que yo veo es que cada vez se amplia más lo que se cree que puede hacer un psicólogo, y se amplia de un manera extraordinaria.

martes, 16 de octubre de 2012

La canción para Sonia


"Sonia": tema que homenajea a Sonia Beatríz González Ávalos desaparecida a los 18 años en el barrio la Tablada, compuesto por Alta Base, la banda de cumbia de la Escuela 551, lugar en el que la comunidad se reunió para hacer lugar a la historia y la memoria eligiendo el nombre de Sonia para nombrar a la Escuela. La grabación se hizo en el marco del voluntariado universitario que lleva adelante la cátedra Libre Oscar Masotta en dicha escuela.

martes, 2 de octubre de 2012

Apertura a las segundas jornadas de psicoanálisis, salud y políticas públicas.


Desde nuestros comienzos, allá por el 2010, continuamos con la insistencia de un nombre, el de Oscar Masotta, y desde el año pasado, prolongamos la propuesta de juntarnos para pensar en torno al psicoanálisis, la salud y las políticas públicas. En este marco, en la Facultad de Psicología.

Nada novedoso, cierto. Ni aún el hecho de acercar el nombre de Oscar Masotta a esta invitación.

Ya en el programa de la EFBA (Escuela Freudiana de Buenos Aires), quedaba dicho que el tercer año sería para poner el acento en “Psicoanálisis e instituciones”, entendiendo por institución tanto a la sociedad en su conjunto cuanto al hospital y las instituciones psicoanalíticas.

La EFBA fue fundada por Masotta y algunos discípulos en el convulsionado año 74. Un marco político que contenía una interpelación masiva a las figuras de autoridad tradicionales de los años 60, aquellas que, en el caso del psicoanálisis, habían permanecido incólumes desde la fundación de la APA. Esa hegemonía permaneció, al menos, hasta la irrupción del Cordobazo, donde se anticipó la conflictividad que aventuraría luego en la ruptura de Plataforma y Documento.

En Rosario, un polo crítico surgió por la vía del C.E.P. (Centro de Estudios Psicoanalíticos). Y es en esos albores setentistas, donde Oscar Masotta pasa a ser uno de los referentes de una generación de jóvenes que quería formarse en psicoanálisis, referencia que no provenía de un aval académico, ni de la psicología o la medicina, sino de una posición deseante hacia la obra Freudiana a partir de la lectura de Jaques Lacan.

Así, mencionamos algunas marcas de nuestra historia: el nacimiento de la APA, las rupturas, el CEP, Masotta… A lo que podríamos agregar las carreras de Psicología.

Rosario, fue la primer sede de una carrera de psicología en Argentina, creada en el año 54 durante el Gobierno de Juan Domingo Perón, aunque años después, para conmemorar el aniversario por los 50 años, se  eligió la fecha de la re-apertura de la Libertadora en el 56, es decir, la fecha de la dictadura militar de Aramburu y Rojas, donde Victoria Ocampo dio la clase magistral re-inaugural.

Aquí tuvimos el golpe más duro con la intervención del año 74, llevada al extremo en el año 76.

Como hemos hecho saber, desde la Cátedra propusimos en Consejo Directivo colocar en el ingreso de nuestra casa de estudios una placa para hacer presente con nombre, apellido y lugar de militancia a cada uno de los compañeros desaparecidos que transitaron por esta institución que hoy nos cobija a nosotros.
Se trata de hacer memoria, por nuestras prácticas políticas y porque los vaivenes de nuestro oficio están inseparablemente ligados a la misma.

Por ejemplo, hoy en día discutimos sobre la ley nacional de salud mental. Para algunos las leyes son como “un cartel que dice que un camino está por construirse”, nos gusta esa frase, las leyes suelen ser puntos de llegada, pero también lo son de partida, se trata de una escritura que sirve para continuar avanzando, disputando y luchando. Pero cómo olvidar que una de las primeras acciones de la dictadura respecto a la salud mental fue tapar el arenero, donde las madres internas del Borda recibían a sus niños, con un estacionamiento de cemento para los usurpadores cómplices civiles.

Lo mismo lo podemos trasladar al trabajo en los hospitales, qué podríamos decir sin un Pichon Riviere en el Borda, sin Arminda Aberastury en el Hospicio de las Mercedes. Pero ello no siempre fue posible. Recordamos el retiro de los psicoanalistas como Silvia Bleichmar del Tobar García, tras las amenazas de la triple A, el repliegue de tantos compañeros hacia el exilio.

Nunca el Psicoanálisis se presentó totalmente ajeno a ciertas legalidades exteriores de su discurso. ¿Las neurosis de guerra? ¿Los sueños más allá del principio de placer? ¿El moisés en pleno nazismo?

Por eso la interrogación del campo político, el análisis de las políticas públicas, no puede ser ajena a la reflexión de los psicoanalistas.  

Quizá en la época de Masotta previa al exilio, el conflicto rondaba en un posible aplastamiento de la política sobre el psicoanálisis, pero tal vez el síntoma en estos tiempos sea haber descuidado la interrogación del campo político, y que aquello que denominamos ideología, se haya filtrado veladamente en el campo analítico, aggiornado con lenguaje Psi.

Nuestras instituciones tienen sus historias, nunca ajenas de conflictos, al igual que las del resto de los mortales.
Ferenczi fue quien tempranamente en la historia del psicoanálisis mostró la vaga esperanza de que pudiera ser distinto para las instituciones psicoanalíticas. Decía:

 “Conozco bien la patología de las asociaciones y sé perfectamente que a menudo en los grandes grupos políticos, sociales y científicos reinan la megalomanía pueril, la vanidad, el respeto a fórmulas vacías, la obediencia ciega y el interés personal, en lugar de un trabajo concienzudo consagrado al bien común”.

Aún así, esperaba que los miembros que hubieran recibido una formación psicoanalítica serían, pues, los más apropiados para fundar una asociación que reuniera las ventajas de la organización familiar con un máximo de libertad individual.

Los años que siguieron posterior a los enunciados de Sandor Ferenczi, mostraron que no hay ninguna particularidad en la conflictividad de los psicoanalistas, salvo quizá --acentuado según la época--, en la astucia de eludir el costado político del conflicto en cuestión. Es decir, eludir los términos políticos.

Para quienes conformamos la Cátedra Libre Oscar Masotta, la institución que reclama nuestra pertenencia es la Facultad de Psicología, fuertemente atravesada por los espectros de nuestra historia política nacional y por toda una historia ligada al psicoanálisis en nuestro país, y en nuestra ciudad.

De allí que, sin afirmarnos en la queja, procuramos generar espacios como estos, para poder pensar el Psicoanálisis por fuera de los esquemas universitarios de aplicación teoría-práctica, para cuestionar el lugar del saber, para evitar que crezca el enano psiquiatra positivista que tenemos dentro, consumiendo psicopatología y diagnósticos sin preocupaciones de método.

Ya lo decía Masotta: “Tratándose de Freud y del psicoanálisis, la empresa adquiere doble relevancia: se trata de aplicar a la historia de la doctrina los principios metodológicos que constituyen la base de la doctrina.”

Por eso añadimos los paneles sobre el método, por eso la propuesta de volver a pensar los conceptos centrales, como el de transferencia, sujeto, estructura. Pensar la supervisión. Recorrer las tensiones entre el psicoanálisis y la salud pública, la relación con la comunidad, con las demandas del hospital, con las conceptualizaciones de Estado.

El psicoanálisis dialogando con las ciencias de la época, con la política, pensando las condiciones de trabajo de los jóvenes, abrir a discutir qué serían  condiciones  de trabajo  que sostengan  la  especificidad  nuestra, la dimensión clínica, la que a veces nos es negada con ofertas de ser cuasi animadores sociales. Pensar lo educativo, ámbito impregnado por lo Psi desde los inicios de la APA. Discutir los malestares de época, pero también las transformaciones.
Gracias por la presencia, esperamos que podamos disfrutar de la exposición de los trabajos, pero fundamentalmente del intercambios entre los presentes

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Fundamentación sobre el proyecto de la placa conmemorativa en la Facultad de Psicología. Quienes quieran adherir, envíen nombre, apellido y dni, a catedralibreoscarmasotta@gmail.com.


A casi 30 años de la finalización de la última dictadura cívico-militar que aterrorizó a nuestro país, responsable de la desaparición y asesinato de nuestros 30.000 compañeros, hoy seguimos sufriendo las nefastas consecuencias del trauma que, de una u otra manera, nos afectó a todos, no sólo por las dimensiones de la sanguinaria represión sino también por la destrucción en términos económicos, políticos y sociales.

Es decir, el genocidio "reorganizador" y los crímenes sistemáticos llevados a cabo posibilitaron, a través del uso del terror, la implementación de las medidas económicas neoliberales a favor del capital foráneo y en detrimento de la producción nacional, que implicó el vaciamiento del Estado de bienestar que supo ser el garante de las conquistas sociales para el conjunto del pueblo argentino.
Como resultado de la destrucción de los lazos sociales, se impusieron modelos identitarios que promovieron el individualismo, en detrimento a la construcción colectiva de sentido.

Hoy se están llevando a cabo en la Argentina los juicios a los perpetradores del genocidio, con condenas efectivas y cárcel común a los máximos responsables de la jerarquía militar, dejando en el pasado los años de impunidad promovidos desde el poder político a través de los indultos y la sanción de las leyes de obediencia debida y punto final, derogadas por la democracia en el año 2003.

Es necesario explicitar que la anulación de dichas leyes no hubiese sido posible si los organismos de Derechos Humanos no hubiesen mantenido viva en la memoria colectiva el reclamo por justicia y verdad, desde el primer día, aún en plena represión. Sin la presencia incansable de las Madres en las rondas de los jueves, reclamando por la aparición con vida de sus hijos, sin la valentía de las Abuelas que todavía hoy buscan a sus nietos, sin el coraje de los Familiares que denunciaron las desapariciones de sus seres queridos y sin el trabajo de las generaciones de H.I.J.O.S. de desaparecidos tendiendo puentes generacionales e integrando a toda la población a participar contra el olvido y el silencio, la "verdad" oficial se hubiera impuesto.

Desde la Cátedra Libre Oscar Masotta nos sumamos a esa lucha, no como un acompañamiento pasivo, sino posicionados activamente respecto a cómo pensamos y entendemos la memoria, cómo resulta hoy día posible y necesario recordar.

Los centros clandestinos de detención fueron los espacios físicos cuyo fin último fue la destrucción total de la identidad de los detenidos a través del borramiento del nombre propio con la asignación de un número, el aislamiento y la tortura...

“La memoria de halla indisolublemente ligada a la identidad de manera que las dos se sostienen mutuamente; negarla equivale a tomar el partido de la muerte” (Elie Wiesel). Lo traumático a lo que aquí nos referimos desde ya que tiene que ver con la magnitud del acontecimiento, pero también es necesario señalar que lo no dicho, lo silenciado con aquello que impide la elaboración, perpetúa el borramiento.

La destrucción de la subjetividad que se da a partir de la enajenación del sí mismo y por ende de todo aquello que inscribe al sujeto en la cultura y en los lazos de filiación sociales y políticos nos indica la importancia que tiene la recuperación de las identidades políticas de los compañeros desaparecidos.

Es por esto que creemos que reivindicar el lugar de militantes políticos de los compañeros es recuperar la voluntad transformadora de toda una generación diezmada y proyectarla en nuestro futuro.

Como escribe la agrupación H.I.J.O.S. Rosario en su aval a nuestro proyecto de la Placa Conmemorativa: “Una memoria orientada únicamente a condenar el Terrorismo de estado, sin referencia alguna al contexto que provocó que éste se instaurara, y a las luchas políticas que vino a acallar en aras de la instalación de un modelo de exclusión social y entrega nacional, se convierte paradójicamente en una memoria deshistorizante, incapaz de extraer enseñanzas, debates y ejemplos de compromiso social y político capaces de alumbrar prácticas emancipadoras en este, nuestro presente.”

Nuestros treinta mil compañeros se comprometieron con planteos ideológicos y/o con organizaciones políticas. Es hora de que las instituciones públicas de la democracia recuperada podamos recordarlos no exclusivamente como víctimas, sino también como militantes. Necesitamos darnos el debate de qué retomar, qué resignificar, como horizonte de nuestras luchas presentes.

Siendo que la historia de nuestra facultad de Psicología, no permaneció aislada de los acontecimientos y que personas que formaban parte de ella fueron detenidas-desaparecidas-asesinadas, consideramos que tenemos una deuda como institución tanto hacia aquellas personas, estudiantes, profesionales, docentes, como también hacia nosotros mismos, en cuanto a la necesidad de generar espacios que permitan que las marcas tengan un lugar y que las ausencias estén presentes de algún modo. En este sentido, creemos importante que desde nuestra casa de estudios podamos pensar los efectos del terror, del silencio y la trascendental importancia de una formación que tome a su cargo la tarea de producir conocimiento y acciones en relación a los Derechos Humanos.


No queremos  una placa como monumentalización de nuestro pasado reciente. Necesitamos de ella como recuerdo de aquellos que hoy no están y también como apuesta a la construcción colectiva de un pasado por el cual dejarnos interpelar.

Por todo lo antes dicho pedimos se avale nuestro proyecto Placa Conmemorativa, aprobado por unanimidad en Consejo Directivo de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario, el 11 de septiembre de 2011.